domingo, 21 de noviembre de 2010

Ese tipo de chicas

    


- Así que tú eres de ese tipo de chicas que tienen una lista, ¿no?
-       Bueno, soy más bien del tipo de chicas que tienen una lista que siempre se olvidan consultar. Vamos que es una lista poco lista, ¿me entiendes?
-       Ya, pero tienes una lista.
-       Sí, sí, la tengo. Todos la tenemos, ¿no? Aunque luego la rompamos.
-       Yo es que soy un tipo normal y sólo busco una chica normal.
-       Ya, ya, sí, sí. Eso me suena.
-       No, en serio, yo es que de normal que soy… soy hasta vulgar. Vamos, que soy muy básico. Vistiendo: pantalón y camiseta. Tengo un trabajo muy normal, ya ves, taxista y… bueno, eso sí, me gusta la calle, salir y estar con la gente, los bares. Por eso no entiendo a la gente que le gusta tanto el Facebook. Yo ni sé cómo funciona.
-       Pues en Facebook también se pueden hacer listas, ¿sabes? Aunque de otro tipo. Listas de gente: amigos por una parte, contactos profesionales por otra…
-       No, si al final acabaré yo también metido en Facebook y en la lista de alguien.
-       Pues también hay cada lista… listillas y listillos diría yo
-       Algo me han contado

Total que cuando bajé del taxi me puse a pensar en mi lista. En alguna ocasión escribí sobre mis deseos y peticiones, la carta a los reyes magos, la calificó un lector, en este mismo blog. En esto del amor uno va añadiendo viñetas a la lista a medida que aumentan las historias vividas (noten la importancia de la expresión historias vividas sustituto prostituto de historias fracasadas). Yo soy, supongo, poco lista y no sigo al pie de la letra ni siquiera mi propio manual. Así me va. Como a la Rosenvinge, pero con menos pasta, menos altura y sin jersey de Prada. Pensando en mi lista, terminé por aburrirme bastante pronto. Qué poco original, pensé. Recordé, entonces, algunos puntos importantes de otras listas, de otras personas.
De todas las peticiones que he oído una de mis preferidas es ésta. “Yo quiero que me guste mucho, pero mucho, mucho. Quererle mucho. Claro, que me quiera. Pero sobre todo, que yo le quiera mucho”. Y, vaya usted a saber, cuánto psicoanálisis necesitará la propietaria de esta lista pero a mí me pareció bonito.
Alguien también me dijo una vez: “Yo quiero a alguien normal (vaya, tuve que darle su teléfono al taxista). Así, normal, ni muy guapo ni muy alto ni muy nada. Sólo normal”. El problema es que la premisa es errónea. Lo de normal tiene mucha guasa.
Hace poco también he escuchado: “Sólo busco alguien con quien compartir el tiempo, que no me haga infeliz y con quien estar tranquilo”. Lo sé. Sabe a vino amargo.
No sé dónde andará mi lista. Justo unos minutos antes de escribir estas líneas andaba buscando mi lista, por revisarla de nuevo pero, ya ven, me entretuve y la olvidé pronto. Debo de ser de ese tipo de chicas que no son listas. 

lunes, 13 de septiembre de 2010

Me lo veo venir…




Esa fiesta que estoy organizando… lo veo venir, va a ser un fracaso. Les confieso que cuando decidí organizarla, respiraba yo cierta fragancia a “soy el puto amo”, “el gallo del corral”, y pensé: “Querida, esta fiesta la llenas tú sólo con unos cuantos colegas”… Afortunadamente, el subidón me duró un par de días. Pasado el efecto efervescente de vaya usted a saber que alegría menor, me recorrió un escalofrío y pensé: “Me lo veo venir…”
Aquel chico de maneras perfectas que siempre quedaba bien en las fiestas y que cuadraba mi esqueleto como una flor en la chimenea de su locomotora… Aquel hombre que venía con ectoplasta en la maleta… Recuerdo esos segundos, cuando al tercer día resucitamos y me presentó a la familia, en los que pensé: “Me lo veo venir…”
Aquel negocio en el que mi yo tenía que erigirse como comercial caníbal, realizar llamadas, vender, vender, vender, vender, mientras el yo simpaticón remoloneaba, aquel negocio que no llevaba mi sello… Si ya lo pensé, si ya lo sabía, si ya lo temía… “Me lo veía venir…”
Pero es que, oigan, los me lo veo venir son tan fugaces que…
No me quejo. No, en serio, no me quejo. Por que ¿y si alguna vez se equivocan los “Me lo veo venir”? ¿Y si un día no se cumpliera el ”Me lo veo venir”? ¿Y si un día dejo de darme de bruces contra el “Me lo veo venir”?
 Esta vez… ¿Me lo veo venir? Díganme, díganme, contesten, respondan… ¿Me lo veo venir?


martes, 17 de agosto de 2010

Manual del guerrero



Mi manual del amor es un caos. Las páginas de mi manual son una verbena de saques fallidos. Repleto de normas que sigo sólo a veces y de otras tantas contradicciones que me alientan y me animan al impulso irracional. Aún así me empeño, y sospecho que nos empeñamos, en seguir el manual. Por lo que sé de otros, el mío se parece bastante al de todos, al menos en las cuestiones básicas. Si te acaban de disparar en el intestino y te cagaste, se aplican aquí las normas del “zorrerío”. Si oyes rumor de olas y has pasado una temporada cerrado por derribo, cuidado con el próximo corazón que se te acerque porque puede que sólo estés buscando una cama donde alcanzar el purgatorio. Hay un capítulo dedicado a los histerismos varios en clave femenina: no llamar, no llamar insistentemente, no pedir cita en los Jerónimos al primer “me gustas”, no bajar la guardia con el primer “te quiero”, no confiar en las etiquetas, confiar en las etiquetas, hacer caso de las señales, no hacer caso de las señales (esto último, comprenderán, viene en el capítulo de contradicciones, que es el que me sé mejor). No está tampoco mal el capítulo “Salvar al soldado Ryan”. Así he logrado salir de algún frente peligroso cuando me han hecho jaque mate y no han querido firmar tablas.

Ese manual no dice nada sobre el momento oportuno para salir corriendo, no habla de los casos atípicos, de las excepciones, ¿las hay? ¿las habrá? No sé si es que, tal vez, compré el manual para héroes en lugar del manual para canallas, que puestos, me habría gustado mucho más. Y como se me da mal teorizar sobre el amor, pues voy a ver si cambio el manual del amor por el de técnicas de boxeo, golpes y tácticas para vencer, que este peso paja está ya harto de que le dejen K.O.

Manual del boxeador a modo de resumen:

1. “Calentamiento: cada uno por su cuenta (y a su forma), preferirá prepararse física y mentalmente antes del evento”. Mentalmente debería ya estarlo (¿?), y en cuanto al físico he vuelto a correr. Eso cuenta, ¿no?

2. “La pelea está dividida en episodios, los cuales son llamados asaltos y conocidos también por el vocablo inglés round(s) (pronunciado "raund"). La cantidad de estos está determinada por el tipo de evento que sea. El tiempo de cada uno de éstos también es limitado”. El amor dura hasta que llega el siguiente combate. A ver si lo escribo cien veces y lo memorizo.

3. Durante el tiempo delimitado de batalla en el asalto, un boxeador puede derribar o ser derribado. Un púgil puede impartir un golpe lo suficientemente fuerte, uno bien colocado, o un golpe que haya tomado al rival sin una buena postura de pies y con tal le ha hecho perder el equilibrio o le ha hecho perder momentáneamente la conciencia. Ha habido ocasiones en que ambos boxeadores han caído a la lona simultáneamente”. En estos casos, hay que ser rápido y reaccionar en diez segundos.

4. “En los asaltos, siempre que un boxeador recibe un golpe que le deje fuera de combate se le denomina nocaut (K.O., knockout) y queda fuera de la pelea. El nocaut es uno de los episodios más espectaculares (y polémicos) en un espectáculo pugilístico, y es determinante en el resultado de una pelea, pues el boxeador que es noqueado pierde el combate”. En el próximo round, cuando prevea nocaut, antes tiro la toalla. Oigan, que luego no saben lo que cuesta ponerse en forma para el siguiente combate.

5. Tirar la toalla. “Detener la pelea puede evitar un daño irreparable al boxeador”. Pues eso.

6. “En general, se comienza por aprender la posición de ‘guardia básica’ lo cual implica saberse parar perfectamente bien”. Esta técnica la voy dominando, en el ataque es donde empiezo yo a fallar.

7. “Para utilizar las tácticas de ataque debemos abrir nuestra guardia, cosa que puede resultar peligrosa si no estamos pendientes de ello”. Claro, aquí, aquí es donde me suelen colar a mí todos los golpes.

P.D. Mi entrenador está en Berlín y tiene, lo sé, la toalla preparada.

domingo, 8 de agosto de 2010

Los Sanfermines


(Ramón Masats)

Tengo una amiga, la señorita Moon, con la que de vez en cuando quedo, nos soltamos la melena y comenzamos a filosofar cosa fina, ofreciendo grandes frases para la posteridad,  aunque la posteridad no nos escuche. Como somos muy teatreras y poéticas solemos hablar con metáforas de esas que a nosotras nos suenan a gloria, tipo: hay quien corre delante del toro y quien lo ve desde la barrera y nosotras somos más de correr los sanfermines. Luego vamos y concluimos que de todas formas: correr con pánico para qué, que a lo mejor es hora de quedarnos en el palco por una vez y esperar a que el toro nos salte, y nos quedamos tan anchas, (un saludo desde aquí a Cataluña, donde esta metáfora estaría prohibida, claro).

También tenemos, entre muchas otras,la teoría poética del helado del cucurucho, o sea que: no todo en esta vida va a ser chupar la superficie y quedarse solo con ese primer placer, que el barquillo parece que mola menos pero que hay que atreverse a morderlo también, puede que te encuentres con un tesoro de helado aún escondido, aunque sabemos que no mucha gente tiene paciencia para llegar a ese barquillo, incluídas nosotras mismas en un momento dado. En fin, que nos entretenemos y tratamos de explicarnos nuestras vidas con metáforas visuales que ríete tú de las parábolas de Cristo, y así pasamos las horas, concluyendo al fin que si corremos de una vez el sprint final y cruzamos la línea todos ganamos, descubriendo letras de canciones puñales o bendición y riéndonos, que es lo que nos salva, del estado de la nación prozac en la que andamos todos últimamente, después de todo y con treinta y tantos, igual de perdidos a veces que en el patio del colegio...

martes, 6 de julio de 2010

MI PRIMERA VEZ



Soy virgen en esto, lo reconozco. Este va a ser el primer cumpleaños desde mi educación sentimental que no lo celebro a juego con novio, amante, ligue o sucedáneo. Y ya es fuerte, porque siempre me enredo o me enamoro en verano como una perra  para no aburrirme como una ostra, (esto es de un micropoema de Ajo), pero esta vez va a ser que no, y ahí va mi reflexión: es duro estar solo, es decir, que no es cosa mía, hay muchos y muchas que seguro que pueden contar con los dedos los novios y/o novias que van empalmando, y me parece bien, siempre y cuando (dos puntos) ese amor no te haga más infeliz que lo que es estar sin ese amor, (que de eso hay mucho), ese amor merezca que los ojos te hagan chiribitas con b o chirivitas con v, lo importante es que te brillen los ojos, y ese amor te deje ser tú por ti mismo contigo mismo y no por el destello que crees que es el que le mola al otro de ti.
 
Y lo que yo os digo desde aquí, sin ánimo de lucro, es que voy a practicar un poco de onanismo sentimental, que me tenía un poco olvidada. A veces me cuesta porque no me aguanto, me daría vacaciones, (ya sabéis que hay un porcentaje muy alto de parejas que rompen en verano, aunque no pienso romper conmigo misma, que ya es lo que me faltaba), pero eso, vamos, que este año voy a celebrar que me amo, y espero que os améis vosotros a vosotros mismos también, que el ritmo no pare...
 

martes, 29 de junio de 2010

Mi príncipe




El roce de su cuerpo, ese sí, son millones de mariquitas explotando por los poros. Sus manos siempre sucias, un jardín donde retirarse por Vivaldi. En sus ojos, el túnel de Alicia en el País de las Maravillas y miles de conejos salen de la chistera de sus cabellos negros. A veces, se pone malo. A veces llora y el cielo se parte en dos. A veces, me nombra y me parto en dos. Todavía juega y, entonces, no hay nadie como él. Cuando le da por hablar y contar historias, Celso Fonseca se pone a cantar y en Brasil todas las madres mulatas contonean sus caderas felices.  Por teléfono no sabe qué decirme pero siempre lo resuelve con la mejor de las frases: “¿cuándo vienes?”. ¡Si le prometes algo, ay de ti si no lo cumples! Porque si no respetas las promesas que le haces, no habrá nada más triste en todo el mundo. Le gusta pescar y tiene paciencia infinita cuando se trata de sentarse al borde del río. Siempre devuelve los peces al agua. Le gustan como a mí me gustaban las ranas. Si la felicidad existe, se llama Andrés, tiene 7 años y se le dan bien las mates.

lunes, 28 de junio de 2010

Depende de lo que te duela la rodilla



A veces algunas personas que te quieren bien te miran poniendo ojillos de vaca despistada cuando dices: "es que estoy yendo al psicólogo" y puedes ver en su cara la sombra de una duda, pero si estás fenomenal, te dicen, igual te están sacando los cuartos, fíate tú de la Virgen y no corras, ¿por qué no lo dejas ya?. Como bien dice The Bride, todo depende de lo que te duela la rodilla, uno no deja de ir al fisio así un día por la mañana, mire usted, es que para mí que ya no necesito rehabilitación, diga usted lo que diga como profesional, es más, me lo ha dicho alguien que me quiere bien, que de rodillas no sabe nada pero lo que es que dice que la muevo ya perfectamente...

A mí es que el diván me gusta, sobre todo porque no me tumbo en un diván, (y mira que me encantaría, porque si Woody lo hace yo también quiero), sino que me siento frente a frente con mi psicóloga, (desde aquí un saludo a Juana), me gusta porque hace que me recuente y descubra facetas mías a las que antes no había puesto nombre, porque aprender a nombrar las cosas por su nombre quieras que no tranquiliza mucho, aunque no te libre de la angustia, me gusta porque me está enseñando a mirarme en un espejo que estaba empañado por mi propia imagen, o la que proyectaban los demás, o la que creía que era la mía pero resulta que era una sombra, me gusta porque a veces no me gusta ir a revolver entre mis trastos mentales y porque otras veces salgo de allí como si hubiera ganado las Olimpiadas, triunfal, sudorosa, medalla de plata...

Así que salgo del armario psicoanalil desde aquí y os recomiendo a todos y cada uno que hagáis la prueba si sentís que algo huele a podrido en Dinamarca, y si no no pasa nada, tampoco es una receta universal, tranquilos, pero es mi receta y me la quedo, de momento...